Adán fue creado por Dios del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida y fue un ser completo, un ser viviente. Fue el primer hombre, el primer elegido, una obra directa del Creador, la instalación del reino de Dios en la tierra, el representante oficial de la Santísima Trinidad. Eva fue su ayuda idónea. La orden intransigente, perentoria y clara a Adán fue no comer el fruto prohibido o morirás. El intercambio de ideas era improcedente, una irreverencia. El porfiado se condena de una. En el huerto del edén residían con amor y paz y nada les faltaba. La santidad era el pilar de la existencia. La eternidad estaba presente. La gloria de Dios era el pan de cada día. El socrático diablo, que poseía otra visión se acercó a la curiosa Eva una vez más, más armado, y conversaron amablemente.
-Si Dios te prohíbe comer del fruto es porque algo teme y la confianza en ti no es total. La duda no es un mal, es intensamente humana ¿Qué problema hay con la dialéctica, con el análisis del bien y del mal? Ante las dos opciones, ¿por qué no puedes elegir libremente? ¿Cuál es el miedo del Creador de empezar a pensar, a preguntar, a cuestionar, a crecer? ¿Te tiene embobada con el perfecto paraíso para que te calles y no caviles, como lo hace el sumiso y limitado Adán? La pía opción que te ofrece Dios es la obediencia ciega y absurda, agachar la cabeza irracionalmente. ¿Qué uso le darás a tu gran inteligencia e interrogantes? Redactar un tratado de filosofía aquí es imposible. No hay espacio para el desarrollo integral -le señaló el astuto diablo.
-Mi esposo me indicó tajantemente que debemos ser obedientes porque el Creador lo ordenó así, por fe, con la amenaza de que moriremos si somos infractores. No hay argumentos sólidos, una pizarra. Mi esposo está sometido a la voluntad del Padre sin chistar, sin grietas, y es muy feliz, sin áreas grises. Las dudas son la ruina. Mi pensamiento propio y mis circunferencias sesudas ya son una insolencia –revelaba Eva.
-Como eres una mujer penetrante y perspicaz tarde o temprano te enfrentarás al dilema de elegir ser libre o no serlo. No escaparás por siempre. No aceptes prohibiciones o imposiciones sin argumentos contundentes y persuasivos. Abre los ojos de una buena vez. Elegir con libertad no es morir, es emanciparse. Se deben respetar las decisiones personales –recalcó el diablo con agudeza.
Y la veleidosa y reflexiva Eva, después de mil vueltas, comió del fruto prohibido y Adán hizo lo mismo, convencido por la mujer que amaba intensamente. Ambos se condenaron y fueron expulsados del edén. El desastre fue moral, emocional, espiritual, sicológico y material. El sufrimiento y las sanciones no se hicieron esperar. Utilizar la libertad para desobedecer el Evangelio es la ruina.
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JAIME FARIÑA MORALES
ARICA-CHILE
Publicado por Jaime Fariña Morales en 11:01
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