sábado, 14 de febrero de 2026

EL MATRIMONIO QUE NOQUEA MI PORTAL - DIÁLOGOS PERFILADOS


Y le volvía a rogar al Romano Pontífice...
OBISPO: Santo Padre, me he enamorado de la señorita Mónica. Me casaré y construiré un matrimonio sin mácula, al igual como lo hizo Pedro y los otros apóstoles.
PAPA: ¿Y el celibato obligatorio prescrito por el Vaticano, por el intendente de Yavé, en el tardío siglo doce?
OBISPO: No es una norma del evangelio y es un grave error. Tal como en el primer siglo y hoy, el inalterable Dios continúa llamando al sacerdocio a hombres casados y solteros, a campesinos, a analfabetos, a las mujeres, a eruditos, etc.
PAPA: Si cada cura se casara y procreara católicamente, el Vaticano se declararía en quiebra antes del primer decenio. ¿Quién va a educar, vestir, alimentar, recrear y a ayudar al párroco, a su esposa y sus siete hijos? ¿Es ético que el vicario del Redentor arruine financieramente a la Santa Iglesia? Si los sacerdotes y monjas suman más de un millón, ¿qué billetera resistiría todo esto? La debacle es segura.
OBISPO: Obviamente un presbítero soltero es mano de obra barata, mas la abstinencia perpetua es para casos excepcionales. En la inmensa mayoría de los ordenados es una tortura física, síquica y emocional. Encadenar el ministerio al celibato forzoso es desalmado, aunque la cuenta corriente bancaria decrete lo contrario.
PAPA: Si bien el celibato es un mandamiento humano o inhumano más de la Iglesia y no de la Escritura, el factor presupuestario es insoslayable. El santo amor entre usted y la señorita Mónica ofende a Roma. ¿Te imaginas lo que sucedería con el patrimonio de nuestra amada Iglesia si los presbíteros se casaran y sus hijos recibieran la legítima herencia y no el Vaticano? Los votos de pobreza, castidad y obediencia sostienen el monedero del vulnerable reino de los cielos, de nuestras variables macroeconómicas.
OBISPO: ¿Cuándo me case extraviaré mis talentos y capacidades sacerdotales que usted mismo me ha reconocido? ¿Mi esposa se convertirá en un impedimento o en un complemento idóneo? Los primeros papas, obispos y curas eran casados. En el primer milenio el celibato no fue obligado, hasta que los economistas visionarios del Vaticano realizaron sus pasmosos cálculos.
PAPA: Los votos de pobreza, castidad y obediencia, enorgullecerían a cualquier gerente general o empresario inescrupuloso.



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EL HOMBRE AL NATURAL - DIÁLOGOS PERFILADOS


-¿Cómo estás?
-Bien. Gracias por la preocupación.
-¿Y por qué sollozas?
-Perennemente digo que estoy bien, mas mi gimoteo no cesa. Mi alma es una melliza de la capitulación.
-Yo también soy un fidedigno representante de la humanidad irredenta, como todos. La desdicha es mi casa y antejardín.



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GALÁN DESDE AYER - DIÁLOGOS PERFILADOS


-Aníbal, ¿Estás trabajando? –le consulta la joven vecina.-Sí, poseo un buen empleo, una casa y sigo soltero.
-Siempre fuiste tan sexy, con un atractivo masculino singular. Disculpa la timidez anterior. Varias pensamos lo mismo.
-No lo sabía, gracias por la información. Lo consideraré cuando me pasee en mi nueva camioneta. ¿Quién lo diría? De chimpancé pasé a ser un guapo actor de cine. En mi bicicleta ninguna dama me divisó.


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AUTÉNTICO - DIÁLOGOS PERFILADOS


-Hermano, ¿qué te sucede? Tú no eres auténtico. Te movilizas en una camioneta de alto precio, te encadenaste a los supermercados y multitiendas y tu habitación personal en tu casa burguesa es de lujo. Tú no eres un ser genuino.-Yo escucho el rock de Hendrix, de Joplin, fumo marihuana y me compro ropa cómoda, disculpa.
-Somos una contracultura que combate el consumismo y la violencia, la maldita guerra de Vietnam.
-Estoy en contra de esa maldita guerra y de la violencia, y todos los hippies que hacen millonarios a los músicos que participaron en Woodstock comprando sus discos también son tan consumistas como cualquiera. La discográfica fabrica los productos que sus clientes están dispuestos a adquirir, y tú eres un comprador más. Los más contentos con el rock inmaculado son los vendedores de discos, de alcohol, de drogas, de poleras, de cigarros y tantos otros. El rock puro y consecuente fomenta y es parte del más miserable de los consumismos. Es el alma misma de todo aquello que dice criticar. El malévolo Vietnam no sólo fue un negocio para los mercaderes de la guerra. Lo significativo es que la decadencia cumpla con su misión.



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UN SÓLO HOGAR - DIÁLOGOS PERFILADOS


Sin avisar, el bigotudo y mundano bautizado abrió sus ojos en el otro lado.
-¿Dónde estoy? –consultó el muerto adulto correctamente bautizado, oleado y sacramentado.
-En el purgatorio –le indica un mayordomo de Satán con irónica cortesía.
-¿Y por qué veo al clero romano y a tantos otros predicadores, diputados, negreros, ladrones, borrachos, demonios, homosexuales, adúlteros, fuego, azufre, humaredas y diáconos por miles?
-Porque es el mismísimo purgatorio.
-¿Y cuál es la diferencia entonces entre el purgatorio y el infierno?
Ninguna. Por estimación a los católicos separé el infierno en dos partes, la cual una se llama purgatorio, para que los sacramentados no se confundan. Es un ajuste arquitectónico interno y sicológico, nada más. Este quemante y sempiterno hogar es uno solo y los obispos que han estudiado la Escritura con responsabilidad lo supieron siempre. El evangelio puro y sencillo de Jesucristo es uno solo y por eso los papas en su momento prohibieron la lectura de los Textos Sagrados y es por eso que hasta hoy los católicos van a misa sin una Biblia en la mano. Eso sí, en este tema optaron por un bajo perfil también. El Romano Pontífice quiere mantener vivo su rentable y relajado catolicismo aunque todos terminen en el irreversible purgatorio eterno, repleto de llamas irreversibles. Es la falsa purificación que nunca terminará.



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viernes, 13 de febrero de 2026

COTORREO CON ESPINAS - CUENTO CORTO


Yo soy profesor de Historia en este helado y abandonado pueblo cordillerano por vocación apostólica, por convicción social. Aquí cada paso es difícil, heroico, cuesta el triple. Desestimé las oportunidades y segundos empleos que da la capital deliberadamente, pensando en los postergados y analfabetos del campo. Anhelaba hacer patria. Consumé un gran esfuerzo, con alumnos burros y talentosos. El problema es que los inteligentes se ven atrapados en un círculo de pobreza ancestral y milenario, subyugado a una arquitectura política que no piensa en el futuro del joven campesino capaz, que es un hijo y nieto de jornaleros mal pagados, para no decir esclavos. No sé si mi misión posee algún sentido. Las últimas semanas cuestiono mi existencia, y si bien tengo un prestigio bien ganado por mis publicaciones en algunos periódicos de la provincia y mis participaciones como jurado en concursos académicos y mis comentarios radiales en la única emisora local y otros, la depresión me está devastando, entre vaso y vaso de tinto, que es el elemento vital que requiero para inspirar las transformaciones que la nación necesita, cada fin de semana. Mi esposa comprende la situación, de cada viernes en la noche.
-Baldomero, ¿quieres que te planche otra camisa? – es mi esposa Maribel que le gusta verme bien presentado, inclusive cuando voy el fin de semana al bar “El Doblado”, desde hace diez años.
-Maribel, gracias, no te preocupes, estoy listo. Volveré a la hora de siempre – soy yo que cariñosamente me despido y que siempre llego antes de las tres de la mañana, de pie y dignamente, y con unos tragos demás, de vez en cuando.
Caminando por vías de barro seco y en plena noche, me dirijo abrigado al salón bar con mi perfil de intelectual, el único lugar de entretención varonil en este aburrido pueblo, en el cual se juega pool, naipes y se bebe muy buen vino tinto. Y aunque el sitio es una humareda con ebrios malparados y a veces maltratados, mis comentarios sociopolíticos son bastante apreciados por los contertulios, sobre todo después de la una de la mañana. Cuando llego al bienquisto salón me voy raudamente y con toda la sutilidad a mi taburete de la esquina a relajarme un poco, de lo contrario no pierdo mi timidez y mis ponencias se transforman en un fiasco, ya que no concateno bien tres palabras sesudas. Con mi lengua mojada soy un conferenciante de estirpe. Necesito un vaso de vino, de entrada, siempre, como motivación primera antes del discurso. Pasada la medianoche, algunos cófrades del dominó me solicitan que realice algún análisis breve de la contingencia local o nacional, que no dura más de cinco minutos, un poco en broma un poco en serio, que incluye el fútbol y otras frivolidades. Recibo aplausos y brindis. La pobreza nos afecta, es pariente de todos, y cualquier píldora verbal nos tranquiliza un poco. De lunes a viernes, entre las 8 y 17 horas, soy el sobrio y reconocido profesor de Historia, una autoridad, que le traspasa conocimientos y valores éticos a los educandos, a veces chúcaros. Son casos como el del joven Filiberto los que me desmoralizan. Era un alumno particularmente talentoso que terminado segundo medio se tuvo que ir al campo a trabajar junto a su familia, que era pobre como una rata. Analizaba la revolución francesa, la reforma protestante, la revolución bolchevique y el tema que le pusieran sobre la mesa, como nadie. El viernes a las dos de la mañana llegué de “El Doblado” muy mal, con un discurso que se refería al desperdicio de los talentos en nuestro pueblo rural, dejando a los contertulios muy tristes, y hablé con mi querida y comprensiva esposa.
-Baldomero, ¿quieres un café, para pasar las penas?
-Sí, mi adorable Maribel.
-Serénate, tú no eres el culpable de lo ocurrido al buen Filiberto y los otros cientos de jóvenes campesinos. La vida es así.
-No lo sé, no lo sé, tal vez sí. Tal vez debería marchar una y otra vez, alegar hasta por los codos, poner el grito en el cielo, quemarle un neumático al Presidente de la República. Soy responsable, todos lo somos. Soy un cobarde que se refugia detrás de un vaso de vino tinto, cada viernes.
-Tú bebes poco, sólo los viernes y no cambiarás el mundo.
-Si todos pensamos así, estamos perdidos. Algo tendré que hacer, no sé qué, nada se me ocurre. Nunca se me ha ocurrido nada en estos decenios.
-Eres un gran profesor, un profesional de reconocido prestigio y estás a punto de pensionarte. El alcalde y mucha gente asistirá a tu despedida. Siéntete orgulloso de todo lo que has hecho, por favor, y no llores más. Pone en la balanza tus cuarenta años y verás un árbol con buenos frutos.
-Maribel, tienes toda la razón. Esta apenada historia ya terminó.
Asentí con la cabeza y me fui acostar. El lunes me presenté lúcido a las 8 horas, como siempre, y después de cuarenta años de servicio, me retiré, con la frente en alto y una angustia en mi alma, que ya es un síndrome. No volveré a escuchar esa campana que llama a los alumnos a educarse y a soñar con un futuro mejor. No somos nada.



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JAIME FARIÑA MORALES
ARICA-CHILE





Publicado por Jaime Fariña Morales en 14:54
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DE REVOLUCIONARIOS A EMPRESARIOS - CUENTO CORTO


Con el retorno de la democracia en Chile los canosos Branco y Evaristo se encontraron en la reunión de la asociación de panaderos de Santiago, en la cual ambos estaban inscritos, por lo prósperos que eran en el rubro. Era el año 1990 y después de discutir en la asociación sobre créditos blandos, deudas, harina, tecnologías, costos, flujos y demás, se toman un café cortado en el café con piernas “La primita”. La conversación era obligatoria.
-Hola Camilo, ¿cuál es el domicilio tu panadería?
-Tengo dos, en Lo Prado. Una es grande con diez trabajadores y la otra es pequeña, con cuatro. ¿Y tú?
-Tengo una panadería inmensa en el paradero 14 de Vicuña Mackenna con quince trabajadores. Me ha ido excelente- señala Branco con orgullo-. Empecé el año 1977, trabajando duro, por eso estoy acá.
-Es que la gente compra pan todos los días jajaja.
-Eso es verdad.
-Yo empecé el año 1974, casi seis meses después del golpe del dictador fascista.
-¿Te acuerdas cuando marchábamos por la Alameda cantando los himnos de la revolución criolla?- pregunta un melancólico Branco.
-Jamás olvidaré esas gloriosas jornadas inspiradas por la gesta de Fidel. Lo que si lamento es el haber pifiado en Concepción a nuestro presidente Salvador Allende.
-Evaristo, ¿por qué pifiaste el líder del gobierno popular?
-El Movimiento de Izquierda Revolucionaria acusaba al presidente del pueblo de ser demasiado lento, blandengue, poco revolucionario, y lo reprobamos, con una silbatina. Hoy siento vergüenza por lo ocurrido. El nivel de arrogancia de esa izquierda iluminada era de un fanatismo religioso impresentable –contesta un alicaído Evaristo.
-No poseo calidad moral para criticarte. Después de escuchar a Fidel en el estadio quería comprarme una metralleta e instalar la revolución ya, sin demoras ni titubeos –indica un sonrojado Branco.
-Lo que más me deshonra es que al primer balazo del golpe de Estado me escondí en la casa de mi hermanastro y no asomé la cabeza por varios meses.
-Yo hice lo mismo. Me oculté en la casa de mi abuelo en Valparaíso.
-Éramos revolucionarios fogosos y no defendimos a Allende en ese fatídico 11 de septiembre de 1973. Casi nadie se comportó a la altura de las circunstancias. De una u otra forma, huíamos a máxima velocidad, utilizando los medios posibles, descaradamente. Parecía una maratón de espantados.
-Sí, he escuchado a muchos compañeros de la lucha decir que esa mañana del once pensaban ir a La Moneda a escudar el Gobierno Popular, pero no fueron. No fue ninguno. Los bravucones no suman.
-He escuchado lo mismo. De los mil o más que iban a pelear ese día, todos se devolvieron, por razones de seguridad personal.
-Y los que prometieron luchar, con los ojos desorbitados, tampoco fueron. Casi ninguno se apareció. Era una revolución de labios. Fuimos los fingidores perfectos.
-Sí, de una u otra forma traicionamos al presidente constitucional. No fuimos consecuentes con la ideología, con el credo rojo, con nuestras fervorosas promesas, que resultaron ser vacías e infantiles. El castillo de naipes de derrumbó con el primer soplo.
¿Marcharíamos hoy por la custodia de los derechos de los trabajadores?
-No lo creo. Yo a los míos le pago el salario mínimo porque me propuse ahorrar en cada ítem que sea posible.
-Yo hago exactamente lo mismo. La rentabilidad es y será mi norte. Y si mañana marcho por algo, me situaría bien lejos de las pancartas.
-Es lo más conveniente, aunque a veces pienso que ser negrero y ser de izquierda no es muy coherente.
-Me cuesta mucho reconocer que me levanto y me acuesto pensando y actuando como un pequeño capitalista. Algo dentro de mí me dice muy tímidamente que soy del pueblo.
-La verdad es que los socialismos reales sólo funcionaron por la fuerza, con matanzas y torturas. Jamás funcionó el socialismo, en ninguna ciudad. Es la pifia excelsa.
-¿Peleaste contra la dictadura de Augusto Pinochet?
-No tuve tiempo. Este trabajo de panadero es absorbente.
-Sí, es una labor de lunes a domingo, sacrificada.
-Es lamentable que los socialistas de hoy piensen tanto en el dinero, en su propia holgura, olvidándose de los desposeídos. La izquierda ya no es la misma, se doblegó.
-Un cierto individualismo nos ha contaminado.
-El socialismo real fracasó, y el socialismo real de hoy posee un cierto perfil capitalista, notoriamente, lamentablemente. El anhelo de prosperidad personal nos puso de rodillas. La utopía es engrosar la billetera.



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JAIME FARIÑA MORALES
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EL CANDIDATO A DIPUTADO - CUENTO


 Hasta que un día le comunicó a sus amigos con un poco más de formalidad en el bar “La potoncita” que ambicionaba ser diputado de la república. Iba a cambiar su pizzería de la comuna de Lo Prado por un escaño en la cámara de diputados. Lo pensó por muchos años y lo anhelaba desde siempre. Se preparó, estudiando un poco de locución, dicción y teatro, vigorizando su locuacidad innata. Además, poseía un capital interesante. Era su sueño americano. Ensayaba discursos frente a su espejo casi como un vicio, con el esfuerzo de quien sube el Everest. Tenía carisma, los clientes lo querían, los vecinos lo escuchaban, lo conocían. Siempre fue el más simpático del grupo, un buen bailarín de salsa y rocanrol y un mal cantante en el karaoke que generaba más risas y encomios, por el empeño que ponía al cantar, desafinado. La gente lo amaba, era liviano de sangre. A veces sencillamente era un humorista. En el liceo creyó que podría obtener una gaviota por sus chistes, en el Festival de Viña del Mar. Era un agrado verle, conversar con él. Cuando hubo que reparar la plaza, hermosear los jardines o comprarle camisetas al equipo del barrio “Los encopetados” él era siempre el primero en realizar las gestiones ante la Ilustre Municipalidad o ante quien fuera, con una energía torrencial que no pasaba desapercibida jamás. Muchos contribuyentes le decían medio en serio: “tú deberías ser diputado”, y él de tanto escucharlo se compró completamente esa posibilidad, el cuento. Todavía no empezaba ninguna campaña y el ángel y magnetismo de Juan Etéreo Grupeli ya sumaba votos. Todos le decían “Juanete”, que era la fusión de su nombre y la mitad de su apellido. Al igual que la presidenta de Chile Michelle Bachelet su trago favorito era el terremoto, y después de una inspiración etílica se para delante de todos los muchachos del bar y se lanza de una buena vez, micrófono en mano, totalmente persuadido de su misión, que lo carcomía: “Buenas noches queridas amigas y amigos, por vocación y petición de muchos honorables miembros de esta hermosa comuna, he tomado la decisión de postular al parlamento por el distrito 18. Sí, seré un diputado de la gente y por la gente con el lema “Juanete en el parlamento, a sus promesas dará cumplimiento”. Mi agenda política estará compuesta por vuestras exigencias y necesidades, no por los intereses partidistas o de unos pocos. Que nadie se confunda, seré la voz oficial de los sin voz, de los peatones, de los humildes. Yo los representaré sin arrugar o arreglines. Las puertas de mi oficina estarán abiertas todos los días del mes sin excepción, y seré el arquetipo fidedigno del manoseado 24/7. Espero contar con vuestra confianza en la próxima contienda electoral. Muchas gracias y salud”. El aplauso y aprobación del público fueron espontáneos y Juanete, con libreta en mano, ya anotaba los petitorios de la popular, junto con el Zoquete, su brazo derecho y asesor ideológico. El Zoquete, con una enseñanza media cumplida con dificultades, fue el primer promotor de la idea de que el dueño de la pizzería Juanete fuera un flamante servidor público electo. Le tenía una fe ciega. Desde ese día no se perdían bautizo, partido de fútbol, velorio o cualquier evento relevante en la circunscripción. Juntaron con tiempo unos buenos ahorros y elaboraron un agotador plan. Estaban en cada sitio, a todo vapor. Registrando los detalles y haciendo tantas promesas y conjeturas, simplemente no podía recordarlas todas. Visitó parroquias católicas y protestantes y lo único que faltó es que predicara del sermón del monte. Se multiplicaba increíblemente, era ubicuo. Conversaba con el que aparecía y abrazaba hasta los perros y mascotas, con su interminable y singular sonrisa, que era su mayor carta de presentación. La emocionalidad era su bandera de lucha. Su candidatura lo tenía alucinado y poseído, con ese rol de servidor público que asumió desde el fondo de su alma. El gran problema era que a estas alturas el presupuesto de caja era esquelético y no quería terminar haciendo afiches de cartón una vez iniciado el periodo de la publicidad oficial, así que con su asesor decide visitar al hombre del maletín que le había llamado varias veces y al que había rechazado por ética política. Juanete no iba a someterse al yugo de los poderosos, mas la pobreza personal reinaba. Estaba muy ajustado. El candidato sabía que sin dinero lo obrado se iría al tarro de la basura en un tris, así que se encuentra con el misterioso hombre del maletín en el tercer piso de un reconocido banco y holding capitalino, a evaluar contingencias y sus opciones.

-Buenas tardes señor Juanete, un gusto en conocerlo –señala el poderoso señor Ponzeta.
-Buenas tardes señor Ponzeta, gracias por recibirme. Es un honor conocerle y conversar con usted –dicen al unísono Juanete y Zoquete.
-Estimado Juanete seré honesto y directo con usted, sin muchas vueltas. Mire, yo lo necesito a usted y usted me necesita a mí. Hemos hecho encuestas, estudios e investigaciones con sociólogos, cientistas políticos y expertos, y le comunico que en su circunscripción usted es quien tiene hoy la primera o segunda posibilidad de ser el nuevo diputado, por eso lo llamé. Mucha gente está sorprendida y asustada con su irrupción en la política. El poder es de un grupo pequeño. Comprenderá que sin financiamiento su derrota política está garantizada –afirma con convicción uno de los dueños del prestigioso banco y conocedor de estos escenarios.
-Es verdad señor, mis recursos son escasos y la gente siempre me pide que le compre una torta para una rifa, que le compre remedios y mil cosas más, y ya no tengo dinero para cubrir los compromisos y costos de una campaña política presentable, arrolladora. Todos los días aparecen gastos inesperados –dice Juanete con cierta melancolía.
-Mi grupo económico decidió financiarle su campaña siempre que firmemos un pacto de caballeros –indica seriamente el banquero.
-¿A cambio de que sería el dinero de la campaña? –pregunta un intrigado y moralista Juanete, con el disgusto no disimulado de Zoquete.
-Estimado candidato, el vilipendiado neoliberalismo que hemos construido con éxito estos años ha traído prosperidad y libertad de emprender a muchos. Obviamente no es una sociedad perfecta y necesitamos una agenda social progresiva y responsable, sin esa demagogia de los oportunistas, radicales y faranduleros. Mas los pilares de nuestro libre mercado que llevarán a Chile al desarrollo global están ahí y nadie los tocará. Sólo hay que tener paciencia y seguir trabajando. La previsión en manos privadas es parte de la libertad de elegir. Luchamos contra esos embaucadores que piensan que la salud, las pensiones, las empresas estratégicas y el cobre y casi todo, deberían estar en manos del Estado, de los trabajadores. Los socialismos reales naufragaron estrepitosamente, el estatismo es una ideología acabada y digámoslo de una buena vez, Cuba es un campo de concentración aunque los talibanes de siempre lo nieguen, repleto de esclavos. Mi opción es la libertad y usted será mi gran aliado y adepto en la cámara –expresa con convicción Ponzeta.
-Señor Ponzeta, disculpe pero algunos de sus planteamientos atentan contra mis principios filosóficos –indica un profundo Juanete.
-Entonces está conversación terminó. Le entregaré los doscientos mil dólares a su competidor y caso cerrado –expresa Ponzeta en seco y en eso Zoquete le da un golpe fuerte en la cabeza a Juanete, y una bofetada que lo dio vuelta.
-Zoquete, ¿por qué me golpeas?
-Eres imbécil o te cortaron en verde. El señor Ponzeta decidió amablemente financiar tu campaña, tu futuro, llevarte a un triunfo seguro para que desde la cámara de diputados puedas servir al pueblo y tú, en un infantilismo ideológico lanzas la amable propuesta por la borda. Ahora los afiches van a ser de cartón y tú los vas a pegar con escupe y después del humillante descalabro tendrás que vender tus pizzas en la calle porque también se te olvidó de que estamos casi quebrados, tarado. Todos los días aparece una vieja fea pidiendo algo y ya no sé que decirles –un indignado Zoquete lo vomita todo.
-Paren, paren todos, me entendieron mal. Hablé de principios, no de rechazar la generosa colaboración suya –mirando al banquero recapacita a tiempo y con la voltereta se soluciona todo. Cambiarse la chaqueta es una costumbre antiquísima.
-Estimado Juanete le pido mil disculpas por haberlo entendido mal. Entonces somos socios y estamos en el mismo equipo. Usted apoya nuestra agenda neoliberal de progreso desde la honorable cámara de diputados y nosotros financiamos vuestro glorioso mañana y los éxitos que vendrán. Espero que sea parlamentario por veinte años, con nuestro desprendido auspicio –aclara Ponzeta.
-Señor Ponzeta, disculpe la impertinecia, ¿podría adelantarnos cinco millones, por favor? –solicita un escuálido y casi desesperado Zoquete.
-No faltaba más. Aquí está lo requerido –saca cinco fajos del cajón en el acto-. Mis socios me tratan bien y yo los cuido, por mientras estemos en el mismo equipo, claro está. Yo también soy un servidor. Así que en lo que demanden, cuenten conmigo.
-Muchísimas gracias señor Ponzeta –señalan Juanete y su asesor ideológico.
-Juanete –ya en más confianza-, para que te pueda entregar los doscientos mil dólares deberás emitir varias boletas de honorarios por veinte mil dólares cada una en la que harás clases de gramática a mis empresas por un año, en tu calidad de profesor de castellano. No te olvides de pagar tus impuestos. Mi abogado te explicará la engañifa y los pasos a seguir y te depositaré cuanto antes. Las diabluras se hacen como caballeros –es un victorioso banquero que termina la reunión con uno de sus tantos súbditos, más relajado.
Con dinero en los bolsillos la campaña tomó otro nivel, se eleva notablemente. Empezó a comprar palomas, impresiones de calidad, llaveros, poleras, publicidad radial y más. También pagó cenas, empanadas, cantantes, tortas, botellones, rifas, bailarinas coquetas, remedios y bailongos. Corría como loco todo santo el día pensando en el escaño. Lo que más le emocionaba que en las encuestas iba en primer lugar por menos de un uno por ciento, lo que probaba que la pelea estaba muy reñida, demasiado, no apta para cardiacos. Juanete peleaba voto a voto, golpeaba las puertas, se paraba con su banda musical y danzarinas de falda corta en cualquier esquina o sitio. A veces gimoteaba en silencio porque desde su interior escuchaba una retumbante vocecita que lo nombraba diputado de la república.
Y concluida la batalla de tantos meses, llegó el gran día de las elecciones parlamentarias. Y el pueblo fue a las urnas. Juanete y Zoquete votaron temprano y se fueron a la sede a esperar los resultados. Los expertos vaticinaban una llegada estrecha y Juanete se comía las uñas y se bebía una jarra de café tras otra, y unos gramos de ron, yendo a la letrina cada media hora. Con cada hora que pasaba se ponía un poco más insoportable. Le costaba contenerse y disimular mas zoquetito, el perro fiel, lo alentaba con el triunfo y un mañana esplendoroso. A las cinco de la tarde se abrió la primera mesa de la circunscripción y comenzó el terrorífico conteo. En una mesa ganaba él y en la otra su contendor, siempre por pocos votos. Ningún candidato se distanciaba. Había que esperar y beber más café. Juanete ya no daba más y veces creía que en esta elección o eventual derrota se le iba la vida misma. Mas se mantuvo en pie, como pudo, hasta que llega por la radio lo que es el escrutinio final no oficial. Contabilizados los ciento veinte mil votos anuncia el locutor que Juanete había perdido por menos de cien votos. Ni una película de horror de Hollywood podría poseer un mejor guion. Juanete entró en una depresión y angustia mortales y empezó a llorar y a romperlo todo, sin importarle las pocas visitas ni nada. Su asesor intentaba detenerlo mas el candidato derrotado destrozaba ventanas, mesas, vasos y todo lo que se cruzara por delante. Echó a todos los invitados de la sede, dándole patadas a las sillas, totalmente podrido ya, gritándoles: ¡traidores! ¡hijos de puta! ¡métanse la reparación de la cancha en el culo! ¡Viejas hediondas, me gasté una fortuna! Algunos vocablos eran irrepetibles. Cambió el café por una botella de ron y se quedó solo, completamente solo, fuera de sí, intentando dormir algo borracho, entre gemidos y una ira que no se disipaba. El último en abandonar la sede fue el amargado y leal zoquetito que también se fue sollozando, después de asegurarse de que su ebrio y sedado amigo dormía bien, en la habitación de la propia sede. Todo había terminado y nadie podía creer como se desarrollaron los acontecimientos. Los buenos amigos consolaban a un lacrimoso zoquetito que no lograba cerrar los ojos, por la pena que lo embargaba, derramando lágrimas en las bancas de la plaza. Era la incomprensible tragedia humana de un candidato que corrió como enfermo mental sin descanso ni respiro depreciando sus pies en la calle por más de seis meses. Era una gran injusticia, hasta que a las cuatro de la mañana un bebido Zoquete escuchó una nueva noticia en la misma radio, que les cambiaría la existencia por siempre.
-Estimados oyentes informamos que debemos rectificar o actualizar el cómputo final de esta circunscripción porque no se consideraron siete mesas de la escuela Lautaro –barrio en el que se domiciliaba la pizzería-. Con todas las mesas cerradas a esta hora comunicamos que por una diferencia de ciento treinta votos a favor el nuevo diputado de la circunscripción es don Juan Etéreo Grupeli – anuncia un trasnochado locutor.
Zoquete enloqueció de la alegría de inmediato y en tres segundos quedó totalmente sobrio, y saltando como un canguro rojo se puso a gritar sin pudores: ¡ganó el Juanete! ¡ganó el diputado del pueblo! Algunos amigos y simpatizantes se empezaron a reunir en la vieja plaza y se fueron raudamente gritando la victoria a la sede de un candidato que estaba borracho, y en su quinto sueño. Y Zoquete echando la puerta abajo y en medio del júbilo despertó casi a patadas a Juanete y le increpaba en la cara descompuesto de dicha.
-¡Juanete ganaste! ¡ganaste! Eres nuestro nuevo diputado por Lo Prado, Cerro Navia y Quinta Normal. Despierta amigo, levántate y anda.
-Zoquete – Etéreo está totalmente desconcertado por tamaña noticia-, si es una broma te mato aquí mismo. Mide tus palabras –era la expresión de alguien que ya sabía lo que era volver de la muerte.
-Amigo del alma, faltaban siete mesas y en el cómputo final la radio te nombró como el nuevo diputado del distrito 18. Te lo repito: venciste. Ahora dúchate, aféitate y vístete porque a las 9 am se te viene la primera entrevista. Me llamaron al celular, tengo un discurso preparado. Tu nueva vida comienza ahora, mi querido compadre.
Al excadáver también se le quitó la borrachera y tratando de contener la inmensa alegría y emoción dialoga con los periodistas en la puerta de la que es desde ahora su sede parlamentaria.
-Don Juan, ¿qué siente con tan apretado triunfo?
-Lo importante que la voluntad popular se ha manifestado. Soy un peón del designio del pueblo. Estoy muy feliz de representar a la provincia en la distinguida cámara.
-¿Dónde esperó los resultados? ¿estuvo muy nervioso?
-Si bien hubo un nerviosismo natural en el conteo conclusivo de votos, mantuve siempre y en todo momento la serenidad de espíritu que la situación ameritaba, subyugado en todo momento al veredicto del pueblo, y con la conciencia tranquila de haber trabajado bien. Soy un hombre calmado, por naturaleza.
Terminada la entrevista y después de un buen descanso Juanete se dirigió a “La potoncita” para celebrar como corresponde tan magnánimo triunfo, bailando rocanrol. El regocijo en el lugar era una plaga.
El 11 de marzo Juanete juró como flamante diputado y el primero en felicitarlo fue Ponzeta, su gran socio político-financiero, de aquí en adelante. Llegaron a ser amigos. En la sede atendía a casi todas las personas, pero se estaba agotando su paciencia así que regañó cariñosamente a su asesor ideológico.
-Zoquetito, me traes puras viejas feas con problemas terribles ¿Qué culpa tengo yo del sida, del embarazo precoz, de la infidelidad, de la delincuencia, de los burreros o del alzhéimer? Tráeme mujeres bonitas será mejor. Selecciona Zoquete, selecciona, y así nos divertimos los dos. Las fiestas privadas no fenecerán jamás, menos ahora. El vino y las mujeres yo las pago, como en todos estos años. Adelante amigo, con fe. El porvenir nos pertenece.
Juanete como diputado fue reelecto varias veces porque tenía cada vez más un potente financiamiento y aprendió bien los trucos y fechorías del kamasutra político. Nunca pellizcó a los poderosos, ni en broma y la vida sonreía. Cuando terminaron sus servicios a la amada patria como parlamentario se compró una pequeña cadena de pizzerías y algunas propiedades y volvió a “La potoncita” a mostrar sus dotes de bailarín de rocanrol, con su peculiar y prestigiosa sonrisa. Así, vale la pena luchar por los postergados, por los vilipendiados.




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JAIME FARIÑA MORALES
ARICA- CHILE




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jueves, 12 de febrero de 2026

LA CASA DEL CARIÑO - CUENTO

 “LA CASA DEL CARIÑO”


Cuento coqueto.


La elegante Casa o Casona del Cariño se ubica en la calle Revela 179b en la deleitosa provincia de Arica, la puerta norte de Chile, cerca y al frente de la playa Chinchorro. Un lugar acogedor de dos pisos, con 50 habitaciones tapizadas y emperifolladas sensualmente, una gran pista de baile con un escenario de alfombras y baldosas elegantes, un anchuroso y hermoso jardín, un pequeño casino, un bar, una zona de producción de espectáculos que incluía vestuario, maquillaje, peluquería, sonidistas, tramoyistas y mucho más, y un amplio estacionamiento que no se ve desde afuera, para proteger la identidad de los honorables invitados y visitantes, más una habitaciones anexas, de la 51 a la 60, con precios populares, por eso las señoritas que aquí ejercían sus funciones eran del equipo B o segunda división. Ambos equipos no se rozaban en su quehacer laboral. Las femíneas servidoras públicas del equipo A, siempre bien vestidas y cordiales, atienden de martes a domingo desde las 20 horas y hasta las 6 de la mañana, en horario continuado. Entre las 17 y 19 horas todas las sugestivas señoritas van al gimnasio y al jacuzzi de la propia Casona, con el propósito de custodiar el peso, la silueta y el cutis, y mostrar así siempre una buena condición física y bello semblante. El trabajo a veces es agotador y se requiere de una adecuada preparación, casi atlética, más unas charlas de protocolo y temas afines. La predisposición corporal y mental debe ser la de una triunfadora, la de una artista llena de magia y trucos. Ninguna de ellas arruga o se acalambra en el campo de juego. Utilizando la tecnología de punta, la de tercera dimensión, sonido sensurround y otros, a las cortesanas se les capacita en el kamasutra, gimnasia china y otras elasticidades, la mayoría de las veces con coreografías, lencería y los ajuares apropiados. Por eso el talento y el peso adecuado son indispensables. El maestre no escatimará esfuerzos en presentar los mejores productos lascivos de Sudamérica, del continente. Como el lugar es refinado e internacional las altas tarifas de la prestación en la gran mayoría de las funcionarias no son un problema. Cada número vale lo que se cobra. El lunes todas las evas descansan obligadamente porque la legislación laboral se respeta, en todos sus tópicos, sin efugios. La soñada Arica, de 700 mil habitantes, es: la ciudad de la eterna primavera, con valles, palmeras sin cocos, desierto y playas; un sitio afrodisíaco y único y con un clima espectacular; un lugar magnífico para promover los ideales del maestre, que es el anfitrión, administrador y propietario de la Casona, en la cual también se presentan variados números de baile y muchos otros productos. Algunas de las damas trasnochadoras también son artistas sobre las tablas, bailarinas cachondas sobre todo. Al maestre le preocupa mantener en alto las banderas de la magia sexual, del arte y del afecto. El cliente debe irse jubiloso, relajado, acariciado y con deseos locos de volver, de hacernos publicidad entre sus amigos y conocidos de billetera gorda. El libro de quejas continúa ocioso y las únicas lamentaciones son cuando deben partir a sus píos domicilios los relajados convidados. Cuando el visitante se acerca a la siempre femenina muchacha debe decirle algo así como: “Tendría la dama la gentileza de acompañarme a su nido” a lo que la servidora pública le contestará con una sonrisa y pestañeos: “Ya que insiste el caballero, le acompaño encantado”. De esta manera, los dos se van a la habitación fija que el anfitrión le asignó a la doncella, con esa galanura que no se desvanecerá. Por eso en la entrada de la Casona la portera le entrega un sombrero de copa a cada varón que lo desee hambriento de ternura, como símbolo de la elegancia. Aterrizan en la morada del afecto todo tipo de personajes y perfiles sicológicos o emocionales. A la hora de mimarlos, no se discrimina. Todos poseen un espacio, o mejor dicho una alcoba, incitante.
Nunca supe si “el exorcista” era o había sido sacerdote o un predicador o si simplemente le agradaba, por amor a Dios, expiar el alma de las mujeres nocturnas y supuestamente descaminadas. Pagaba al contado su hora feliz, sus sesenta minutos de fruición. Los horarios eran flexibles, los honorarios no, porque el cliente siempre tiene la razón, una vez cubierto los costos. Se apersonaba en la Casona discreto, vestido de negro azabache, con un rostro de religioso severo, una vez al mes a lo menos y con un bolso en al cual portaba una gran cruz, un catecismo, una pequeña estatuilla de la Virgen de Guadalupe, agua bendita y otros elementos purificadores. Siempre pedía a Rosina, su inspiración favorita y contundente, en su habitación 13. Cada damisela tenía su propio y alhajado cuarto. Ella, en condición de penitente, corría hacia él cuando lo divisaba en el mostrador de la recepción y caja.
-Rosina, buenas noches, que gusto tan grande de saludarla nuevamente, ¿tendría usted la gentileza de autorizarme a acompañarla a vuestros aposentos, si es que no la contrarío? –dice un complaciente exorcista.
-Ya que el caballero insiste, por supuesto, acompáñeme de inmediato, que estoy siempre preparada. Será todo un honor –contesta una concupiscente Rosina, que se lo lleva de la mano a su habitación 13, caminando como si fueran novios recién casados saliendo de una iglesia, adicionando de esta forma delicadeza al apareamiento reconfortante-.
Una vez allí el exorcista saca de su bolso una estola y una cruz y ella se desviste, no totalmente, y él empieza con su severa y limpieza mensual impar.
-Satanás, sal de este pecaminoso cuerpo, de lujuria y perdición –le apunta con la cruz en posición vertical, a sus senos-, en el nombre de Jesús, María, el sacristán, los beatos y absolutamente todos los santos apóstoles ¡ahora! Satán, con la fuerza que me da la inmaculada Madre Iglesia, te reprendo ahora y aquí mismo, ¡Apártate del cuerpo de esta meretriz en este instante! Y tú, hembra extraviada –la mira con los ojos desorbitados-, ¡pídele perdón a Dios por tus portentosas e incesantes ofensas! ¡ahora, ahora mismo! –expresaba un concentrado y leído exorcista.
-¡Perdóname Dios, perdóname! Enmendaré el rumbo desde mañana, te lo prometo, te lo prometo – contestaba con intensidad una Rosina que conocía y observaba todo el formato del lavado.
-¡Que las tinieblas sean expulsadas de este espantoso lugar y del alma de esta pecaminosa mujer, en el nombre del Todopoderoso!
-¡Perdóname Señor, perdóname! –proseguía y proseguía ella, involucrada totalmente en su rol de oveja negra putrefacta.
Así estuvieron los sesenta minutos acostumbrados, que no sintieron. Él intentaba higienizar su alma con pasión, rezando y profiriendo las expresiones adecuadas, y ella, le pedía perdón a Dios angustiándose cientos de veces, porque él se lo ordenaba. El maestre, escoltado por su secretario privado Pretorio, golpea la puerta de la habitación y conversa con el liberador de demonios, con su celoso cronómetro en la mano.
-Estimado exorcista, disculpe que lo moleste, los sesenta minutos se acabaron, –le comunica el maestre, calmosamente.
-Discúlpeme mi torpeza anfitrión, el tiempo se me pasó volando. De inmediato le cancelo sesenta minutos más –dice el exorcista, con billetes grandes en la mano.
-Gracias mi estimado exorcista, puede continuar entonces una hora más. Disculpe mi impertinencia- dice el anfitrión muy formal, y se retira de inmediato del dintel de la habitación.
-Rosina, toma ahora tu buena propina y extendamos la jabonadura –le dice el exorcista con afecto y dándole besos en la mejilla y en la frente.
-Gracias, muchas gracias mi generoso purificador de almas. Siempre eres igual de desprendido conmigo. Gracias. Cuando no vienes, te echo de menos. Ahora continuemos, por favor –dice una alineada Rosina.
-¡Lucifer, sale de este centro de perdición, del cuerpo de esta mujer de alma impía! –señalaba e insistía con vigor el arrebatado aseador de almas ajenas.
Después de algunos párrafos manumisores, Rosina lo acostaba en la cama desnudo y lo manoseaba entero y se le entregaba dulcemente subiéndosele encima sin mostrarle los senos totalmente, por pudor, y con su alma más limpia, como exponía él. Él, que se dejaba amar, no le tocaba a ella las zonas púdicas porque se sentía sucio, sólo la cintura, brazos, rostro, espalda y piernas. El exorcista se iba dichoso a su casa, sin ese rostro severo, con su sacramentado bolso y esa sensación apócrifa del deber cumplido. Rosina, con creativas adulaciones, le suplicaba que volviera: “Te amo mi querido exorcista, regresa pronto. Mi espíritu se regocija al verte”.
Cuando al mesón de caoba llegaba “el violador”, pasaba al bar primero, uno de los ingresos pecuniarios estratégicos de la Casona. Su objetivo era “violarse” una por una a todas las servidoras públicas ocupando las 50 habitaciones, ya iba por la 27, de ese edén, más que carnal. Le correspondió a Marilyn, precisamente la escolta número 27, que al igual que todas, conocía el atlético libreto. Ella cambió ágilmente sus zapatos bermellones de taco por unas zapatillas. El violador, con un cuchillo de plástico en la mano, que traía en su chaqueta y que ya estaba autorizado, perseguía a su dama por el primer y el segundo piso, por el jardín, por el salón, por el bar y por cada rincón, gritando bien fuerte: “¡cuando te alcance te voy a violar maldita mujer, te voy a violar, perra mal parida!”, a lo que ella respondía una y otra vez, por mientras corría, también alzando su “atribulada” voz: “¡por favor, por favor, no me toques, soy una buena mujer; pago mis impuestos y nunca le he robado al fisco, mucho menos con sobornos o licitaciones brujas!”. De esta manera, ocurría una y otra vez y nadie se sorprendía, ni las damas de la luna ni los visitantes, que se acostumbraron a que de vez en cuando un “violador” corriera “furioso” por los tapetes y recovecos de la Casona, persiguiendo a su “víctima” y gritando. Una vez agotados los dos, terminaron en la habitación 27. Sin causarle ni el más mínimo daño a Marilyn, el violador le quitaba la ropa despedazando con una bestial ira el vestido, las medias, los calzones y todo; y después la amaba con más pasión que agresividad, con frenesí, sin ningún rasguño, sin contratiempos. El violador pagaba el servicio, la fantasía, las zapatillas, el vestuario roto y todo, y se iba, algo avergonzado, cabizbajo y feliz. Las damas lo apreciaban por su sello teatral y aporte a la magia afrodisíaca. El “delito” ocurría en una hora. El maestre le aplaudía su originalidad y audacia y le dejaba las puertas del amor abiertas. Es que este dulce “sicópata” le daba un sabor distinto al sitio. La leyenda del “violador” de la Casona ha cruzado ya varias fronteras. Es un personaje tan comentado en tantos lugares y que la da tanta publicidad al nido de Chinchorro, que el propietario piensa en darle trato y precio especial. Algunos curiosos han querido ingresar sólo para verlo correr. El exorcista y otros no se quedan tan atrás. Es que la Casona es hechizos, embelesos, guiones, teatro, marrullerías, ardor y muchos roces tiernos y arrumacos por doquier.
Como parte de la política de reclutamiento del selecto personal el maestre se paraba en las esquinas nocturnas del placer de Arica y de otras ciudades, incluyendo el extranjero, buscando servidoras públicas que satisficieran los disímiles y antojadizos requerimientos de los asiduos de la Casona, y se encuentra con una atractiva joven, muy femenina y acinturada, como todas las jugadoras del “dream team” o equipo A. El anfitrión era un conservador y las señoritas debían actuar como tales, y ser educadas. También visitaba boites y locales nocturnos e invitaba a algunas damas, a las que escogía con pinzas a integrarse al linajudo ideario de la Casona. A las extranjeras, que contrataba como meseras o artistas, les tramitaba en el Departamento de Extranjería la pertinente visa de trabajo respetando a cabalidad el reglamento migratorio. El maestre no toleraba el abusar o aprovecharse de las servidoras públicas, de los seres indefensos, de las foráneas.
-Estimada señorita, ¿cuál es su nombre? –consulta el maestre.
-Si me paga media hora, que son 200 escudos, le respondo –contesta la joven de la esquina del placer, algo extrañada.
-Acepto. Aquí tiene 300 escudos y dígame, ¿cuál es su nombre?
-Mi nombre es Jennifer, estimado señor.
-Apreciada Jennifer, yo soy el propietario de uno de los nidos del deleite más respetados del país y de América. Usted es una mujer joven, curvilínea, atractiva y que se viste muy bien. La he observado detenidamente y en usted veo la lozanía perfecta para reemplazar a Olivia en nuestro “dream team” de la Casona de los afectos. Conviértete en una de nuestras leonas. A Olivia le ofrecieron matrimonio y se fue. Nos ocurre a menudo. Nos dio mucha tristeza su partida, mas el show debe continuar. Únase a nosotros, a nuestro designio.
-¿Usted cree que puedo ser una prostituta eficiente en la mítica y exigente casa que usted dirige?
-Jennifer, no menoscabe vuestro antiquísimo, inmortal e irremplazable oficio, por favor. Usted no es una prostituta, usted es una servidora pública, y yo que conozco hace años el negocio, diviso en tu curvilíneo cuerpo un talento que será fructífero. No utilices ese lenguaje, no te menosprecies. La genuina prostitución reside en la política, en la religión, en la banca, en los macroempresarios, no en una muchacha que ama físicamente a los varones, sin prejuicios y por un importe. Los verdaderos corruptos han engañado a la gente a través de los siglos haciéndoles creer que la hembra que entrega su afecto por un justo estipendio es una ramera. Mentira, todo es una farsa. Este mundo es una completa farsa. Los que encubren los abusos a menores de edad, los usureros, los sobornadores, los lavadores de dinero, los criminales, los contrabandistas, los negreros, los poderosos que roban y empobrecen a las multitudes, son los únicos degenerados, las únicas prostitutas. En lo tuyo hay hasta una vocación social. ¿Quién intimará con ese minusválido anhelante de afecto? ¿Qué profesional satisface las fantasías sexuales más estrafalarias e irrazonables de los desazonados caballeros? En mi local nocturno ganarás el triple y más, no pasarás frío y comerás bien, asesorada por nuestra nutricionista y las profesoras de baile y otras, que nos acompañan en nuestra nave del amor. Se una marinera más. Es una morada con las comodidades indispensables y más. Te desenvolverás como pez en el agua. Participarás de las capacitaciones que el fatigoso quehacer amerite. Eso sí, es obligación asistir al gimnasio y al jacuzzi, mantener el peso, la prestancia y asistir una vez al mes al ginecólogo, más otras exigencias que nuestro elevado profesionalismo demanda. Preséntate con mi contador el lunes y te contrataremos como danzadora del local. Residirás en la pieza 47, que es muy amplia y con un bello separador, como las otras, en la que podrás vivir y atender a tus admiradores cada vez que nos visite la luna, todos los días, excepto los días lunes. Yo como propietario cobro un 30% de comisión del precio final. Las propinas, regalos y prebendas te pertenecen en su totalidad. ¿Aceptas el irresistible desafío? –explica y pregunta el anfitrión con convicción.
-Si usted es realmente el dueño de ese refinado sitio, acepto. Iré el lunes. Gracias por la oportunidad. No le fallaré, se lo prometo. Esto es como cumplir un sueño. Me cuesta creer lo que me está sucediendo y no sé si doy digna de tan alto honor –expresa Jennifer con humildad y espíritu industrioso.
Las compañeras de labores le dieron a la veinteañera Jennifer una bienvenida fachendosa, con globos y champagne. Se sintió a gusto de inmediato y demostró ser hacendosa y responsable desde un principio. Algunos la pedían sólo a ella, por sus curvas y vaivenes naturales. El maestre otra vez no se equivocó. Advertía la idoneidad desde lejos. La carrera de Jennifer era prometedora. La chica 47 ya era titular de ese equipo, que siempre consigue muchas victorias en el rectángulo de cuatro perillas. Apegado al ritual, ella fue bautizada con champagne en el jacuzzi, vestida con túnicas blancas, al igual que todas las guerreras.
Un día se presentó ante el maestre una morena brasilera de senos grandes con algunas pertenencias, de nombre combativo Garotiña. Había sido seleccionada por un concurso electrónico que el anfitrión organizó en la cual las postulantes presentaron un set de fotografías en diferentes situaciones coquetas, sueños y su curriculum vitae al correo electrónico del propietario. La Garotiña ejercía sus funciones en un prestigioso local de Río de Janeiro, pero la ambiciosa morena quería un ascenso en su carrera, agrandar su palmarés, internacionalizarse. Su baile de samba adentro de una copa gigante y luminosa de vodka se convirtió en uno de los números aplaudidos en las noches que se presentaba. Más conmoción causó su piel y sus senos grandes. Un día fue tanto que se hizo una subasta para determinar a los tres que la iban a galantear desnudos esa noche, extraviándose en sus montañas. Ella era la chica 22.
Brigitte, la chica 51, del módulo B, también era una penetrante bailarina sicalíptica que el maestre, que era su representaste artístico, presentaba en diferentes sitios y ciudades. Una vez presentando su danza ante los 1700 trabajadores de la empresa minera Los Palitroques tuvo un éxito tal que la contrataban para despedidas de soltero y otros eventos masculinos. El anfitrión facturaba casi todos los días de la semana por ella. Como 150 obreros esforzados y bien pagados querían visitar a la bailarina en la intimidad de su pieza 51, el maestre y el sindicato, en representación de los trabajadores de la mina que se enamoraron de ella, firmaron un acuerdo que en sus puntos más importantes señalaba:
-El sindicato arrendará por unos dos meses completos a Brigitte, con exclusividad.
-Los trabajadores se comprometían a reunir el dinero de la conveniente tarifa acordada con el representante y el maestre, que sería depositada fraccionadamente en su cuenta corriente, según el “recibí conforme” de los proletarios. Al gerente general se le atenderá gratis.
-Brigitte amará con ímpetu y su indumentaria de bailarina a cuatro o cinco pretendientes de Los Palitroques por noche hasta llegar al último.
La chica 51 que ya no tenía precio internacional en sus quehaceres laborales por sus 40 años de edad, era accesible para mineros ahorrativos y entusiastas. Y así fue, todos cumplieron el acuerdo de caballeros. Brigitte amó con robustez a cuatro o cinco admiradores por jornada hasta completar la cuota de 150. Algunos obreros que disfrutaron de su compañía le llevaron rosas rojas o poemas. A veces el romanticismo y la literatura se apoderaban de los nidos del amor. Este mismo trato lo hizo con los operarios de varias otras empresas prósperas. Las colegas de cariño le decían “la empresaria” a la 51. Como todas las funcionarias de la Casona estaban desparasitadas y perfumadas, la prestigiosa ardentía o temperatura alta era segura. El fuego devorador de las servidoras públicas no era un mito urbano. Eran unas leonas. El maestre era intransigente en la fogosidad de sus funcionarias. El rendimiento amatorio de “la empresaria” no ha sido superado. Ella es un paradigma, el prototipo de la acompañante perfecta de un colectivo.
El 8 de diciembre del año 2030 el maestre detiene las coreografías del tablado para despedir o jubilar a Naomi, quien cumplió brillantemente 20 años de servicio, y se dirige por el micrófono a todos, con una emoción contenida: “Damas y caballeros para mí es un honor despedir en esta noche de la Casona del Cariño a Naomi, quien prestó sus servicios ininterrumpidos durante fructíferos 20 años. Así como los prelados se retiran a los 75 años de edad, nuestras doncellas concluyen con su estremecedor trabajo en el equipo A a los 40 años. Es parte de nuestro código que no es tan canónico. Ella es un ejemplo para las nuevas generaciones de escoltas. Y escuchen las más jóvenes, Naomi nunca se quejaba y siempre puso todos sus esfuerzos y caricias con los distinguidos varones que nos acompañaron gustosos estas dos décadas. Ella deja una huella y una marca muy difícil de superar. Las nuevas funcionarias veían en ella una líder leal, una consejera noble, una profesora afable, sobre todo con las damiselas que quisieron consumir sustancias extrañas o que quisieron desviarse del buen camino. He recibido conmovedoras cartas reservadas de agradecimiento de parlamentarios, religiosos, empresarios y otros clientes, que tuvieron el privilegio de ser acariciados por la delicada servidora pública que hoy se nos va. Sin más preámbulos, dejo con ustedes en sus últimos vocablos en esta madriguera del amor, a Naomi”.
“Damas y caballeros –ella intenta mantener la compostura-, les comunico a todos ustedes que fue un honor ser una dama de compañía durante dos zarandeadas décadas en este nido del afecto vehemente. En cada jornada puse todo de mí. Siempre me acicalé y me alimenté adecuadamente e hice todos mis ejercicios y tareas. Y de mis admiradores solo recibí palabras afectuosas y más de algún aplauso. Desde ya pido disculpas -caen algunas lágrimas- si en algo me equivoqué o si en algún momento no puse todo el esfuerzo que las circunstancias ameritaban. No soportaría ser un mal ejemplo a las colegas, a las chiquillas. Me retiro con la frente en alto. Literalmente entregué mi piel y mi ser. Nunca arrugué y siempre fui puntual y movediza, por obesos o gigantes que fueran los caballeros. Nunca saqué la vuelta o presenté licencia médica. Mis sagrados deberes eran lo primero. Siempre pensé en el prójimo, en ese otro que ingresaba anhelante a mis agitadas sábanas. Vendrán nuevas y frescas flores a adornar este prestigioso jardín. Nadie es irremplazable. Por alguna razón, siento un vacío dentro de mí, mas debo partir. La chica 36 les desea lo mejor. Y como me dijo un transpirado italiano después de ponerse la camisa muy contento: “arrivederci”. Los presentes, sin excepción, levantaron su copa de champagne francés y le cantaron a Naomi el himno “Llegó la hora de decir adiós”, por mientras caminaba a su nido con su último acompañante, que la pidió con ruegos. La gente y sus colegas la siguieron y se detuvieron en la habitación 36 con halagos y una ovación. La conmoción era insostenible. Naomi con un pañuelo blanco saluda desde el dintel de su puerta a esa improvisada y pequeña aglomeración que vino a despedirla. La chica 36 cerró la puerta como una mariposa y amó con desenfreno, como era su costumbre, a su postrero galán. En su alma portaba toneladas de melancolías, que se subieron al avión con ella. Una historia de ahínco terminó, y la fiesta perenne continuó.
El “comando” se presentaba trimestralmente con su casco, bototos, pistolas y metralletas de plástico y su uniforme de militar. Dentro del ramillete optó por Sabrina, a la cual le entregó un disco compacto con marchas militares que incluían cañonazos, ruidos de aviones y balaceras, como en las películas sobre Vietnam. A él le gustaba marchar por todos lados. Si bien el volumen era ensordecedor, las piezas estaban acondicionadas para neutralizar la contaminación acústica y todo tipo de ruidos. La chica 10 se puso pintura de guerra en la cara y en parte de su cuerpo, más una boina, una cantimplora y otros elementos belicosos que incluían el que ella marchara con él dentro del nido, con estricta marcialidad. Él le daba órdenes con voz potente y ella obedecía como soldado raso. Concluida su “batalla” en la cima del colchón, el comando se retiraba vestido de civil y con su uniforme, material de guerra y disco en su brazo. La chica 10 fue sometida a un régimen de silencio por un par de horas, salvaguardando así sus tímpanos.
Don Clodoveo, un acaudalado empresario, al que lo acomplejaba su disfunción eréctil, se presentó discretamente ante el maestre solicitando el tratamiento adecuado. Grace, que estudió sicología en la universidad un año y que conocía el tema dentro del campo de juego y que poseía experiencia en este quisquilloso lío masculino, aceptó el desafío de someter a terapia don Clodoveo con bailes, ungüentos y jacuzzi, más los trucos del amor. Obviamente en una hora era muy poco, así que pagaba sesiones completas que podían durar varias horas. Si bien el prestigio de la Casona estaba en juego una vez más, la chica 12 no falló. El maestre sabía lo que hacía y escogió a la sanadora y masajista perfecta. Dicen que don Clodoveo hasta recuperó su salud sexual y su sagrado matrimonio.
Las puertas de las habitaciones estaban adornadas con flores de plástico, por dentro y por fuera, con un epicúreo antejardín sobre la alfombra fina de color verde pasto que cubrían unos pasillos que daban la esporádica impresión de que se estaba en el campo, en la selva amazónica. Las parejas caminaban solemnes hacia las habitaciones, como si fueran novios. Un caballero podía solicitar cualquier dama en medio de la algarabía del salón. Sólo tenía que pasar por la caja y comprar el número de la señorita que lo había cautivado y acercársele con buenos modales solicitándole que lo acompañe a su nido.
El maestre era muy riguroso en obligar a las funcionarias a visitar al ginecólogo una vez por mes. Era un deber moral tener una salud apta para el servicio. Las bajas o desvinculaciones de la tamizada Casona por razones de higiene o conducta impropia fueron poquísimas. Hubo que enrielar a otras que se comportaban como futbolistas, obispos o parlamentarios. La probidad era un principio ético intransable en el maestre.
El “ensangrentado” era un varón musculoso y alto que pasaba primero a la sala de maquillaje a pintarse de rojo con el propósito de dar la sensación de que estaba algo herido y con sangre. Obviamente, Scarlett se “ensangrentaba” la cabeza y parte del cuerpo e ingresaba a la pieza 15 “muy herida” a entregarle su fuego y “dolores por doquier”. Las áreas de maquillaje, utilería, vestuario y producción eran capaces de materializar los requerimientos más enmarañados o extravagantes. En algunas oportunidades se vestían al estilo Luis XVI o de cavernícolas o de persas o de monjas o de marcianas.
A la Casona también llegaban sacerdotes, pastores, rabinos, musulmanes, socialistas, socialcristianos, capitalistas, conservadores, liberales y mucho más. La tolerancia y el pluralismo eran totales, porque el único principio era el afecto. El maestre se indignaba sin controlarse cuando algunos clientes insinuaban que aquel sacro lugar era un prostíbulo. El siempre se defendía férreamente replicando que las únicas rameras eran la religión, la política, los banqueros, la concentración de la riqueza en pocas manos, los negreros, los macroempresarios, los violentos, los usureros, los fariseos y los abusadores en general.
El “bullanguero”, de más 60 años de edad, vestía sobriamente. Lo que sí era obligación, que Cleopatra pusiera en su nido 8 unos discos compactos, que tenían grabado con un alto volumen los insuperables gemidos orgásmicos de una mujer disfrutando del sexo desesperadamente y a cabalidad. Cleopatra ponía tres discos distintos a la misma vez, en los tres aparatos musicales que había en su dormitorio. Por la obscena bulla, las colegas adivinaban que el circunspecto “bullanguero” las visitaba.
La “estatua de la libertad” era poco requerida porque tenía relaciones sin moverse. Su rol era permanecer tiesa de principio a fin. Era más que nada una curiosidad.
“La monja”, o la chica 2, que se vestía como tal, si bien era insaciable y transpiraba la gota gorda en el lecho, obligaba a sus admiradores a rezar los tres minutos primeros antes de iniciar las tocaciones formales del temporal amorío. Al parecer padecía fiebre uterina porque era una máquina invulnerable en el cuadrilátero. Era toda una digna eclesiástica.
Al “gritón” era fácil de atender, sólo se requería de voluntad y ánimo. Britney debía desvestirlo y manosearlo sin disfraz ni nada usando métodos clásicos. Lo que sí en el acto sexual propiamente tal a él le gustaba gritar como Tarzán, utilizando variadas perspectivas, y después le pedía a su amada que gritara ella, lo más fuerte que pudiera, para terminar gritando los dos. El “gritón” se iba totalmente desestresado a su hogar. Veía en las funcionarias públicas unas terapeutas, entre otros.
Esta es una milimétrica parte de las cien mil historias de la Casona del Cariño, el nido que desde el año 1990 y durante 50 años entregó pasión y dicha a todos los hombres que fueron afortunados en conocer su arte, balanceos y embrujos. Existen tantas extravagancias, formatos y petitorios como mentes. Claro está, estos balcones del placer estaban pensados sólo para machos con una exigente sed sexual y dinero. No aceptaba los tríos ni las otras opciones. Todo era entre un caballero y una dama y punto. Era puritano en sus costumbres, como su santa madre. El maestre, con 80 años de edad cerró la Casona y se retiró del negocio, con un sentimiento de que cumplió su misión o apostolado aquí en la tierra. Por dedicarse de cuerpo y alma al prójimo, jamás se casó. Dicen que las estelas de los ardientes nidos se observarán por siempre. Los que pasan por ese lugar aún sienten un diminuto bullicio y verían luces prendidas en la oscura noche, como si fuera un crucero fantasma. La Casona es un poco como el Vaticano y el maestre como el Romano Pontífice, con la diferencia de que el anfitrión no participó jamás de la pedofilia ni del lavado de dinero. Así como los cardenales y políticos atienden en sus nidos a los poderosos, negreros y clientes regalones, las genuinas servidoras públicas atienden con esmero y muchísimas caricias a ese prójimo que las visita expectante. Las casonas de los cariños en sí jamás morirán, es parte de la naturaleza humana irredenta insustituible y su esencia es sempiterna. Es curioso, la fantasía del maestre era que cada esposa fuera una leona en su hogar, con todas las fantasías y embelecos del caso. Era un conservador que creía firmemente en la institucionalidad del matrimonio. El maestre siempre pensó que era el servidor público número uno de la república. Ninguna calle lleva su nombre. El maestre tenía la respuesta para la pregunta de los milenios: ¿quién es la genuina ramera, la gran ramera?¿Quiénes son los verdaderos “violadores” “comandos” y “ensangrentados” y pervertidos en la sociedad?¿Cuál es el epicentro de toda prostitución? Al igual que este relato, el maestre siempre fue un incomprendido.




Del blog índice “LAS SOTANAS DE SATÁN”.
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JAIME FARIÑA MORALES
ARICA-CHILE

















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domingo, 8 de febrero de 2026

LA EXCITACIÓN POR EL DINERO - CUENTO CORTO

 LA EXCITACIÓN POR EL DINERO.


Un singular y curioso indigente es atendido por la asistente social de la municipalidad, por beneficios sociales.
-Buenos días señor, dígame su nombre –pregunta la asistente.
-Buenos días señora, me llamo Diego Larraín –contesta el recurrente.
-Dígame, ¿cuál es su necesidad más inmediata?
-Necesito que me paguen el arriendo de una pieza y me den alimentación, si fuera tan amable.
-¿Dónde duerme usted?
-Yo duermo en la calle en estos momentos, debajo de unos cartones y vivo con hambre.
-Entonces, ¿usted es un indigente? ¿Cómo se definiría?
-Pues bien, yo me definiría como un absoluto insolvente, sin patrimonio alguno ni futuro.
-¿Usted posee estudios?
- Sí, llegué hasta el segundo año de castellano en la universidad.
-¿Y qué sucedió con sus estudios?
-Perdí mi carrera por algunas decisiones irresponsables e inoportunas. Fue una dura enseñanza.
-¿Cuáles decisiones irresponsables don Diego?
-Bueno, no estudié lo suficiente, y en vez de trasnochar con los libros de gramática, bebía y me divertía con mis amigos, que tan amablemente me invitaban a las discotecas y disímiles sitios de esta bella ciudad. Como tuve una niñez con privaciones suponía que debía aprovechar cada segundo que la noche me regalaba. Calculé mal las consecuencias y me expulsaron de la facultad por mi bajo rendimiento. Me faltó una décima para aprobar la asignatura fatal y fallé, y adiós carrera. No es la primera vez que decepciono al destino.
-¿Es usted casado?
-Sí, soy casado con una maravillosa mujer que se llama Lucrecia.
-¿Y dónde está ella?
-Ella está en su linda casa al lado de su padre, atendiendo la lavandería. Nos separamos hace una semana, por decisión de ella.
-Ella duerme en una casa y usted en la calle hace una semana. Si es una maravillosa mujer, ¿por qué se separó?
-Yo no me separé, ella me arrojó a la calle. La casa, la lavandería y todo lo demás son de propiedad de la familia de mi esposa. Yo nada poseo, soy un insolvente. Esa es la dura realidad y lo reconozco.
-¿Por qué ella lo arrojó a la calle tan repentinamente?
-Bueno, fui sorprendido en un desliz.
-Déme más detalles. No le entiendo. Hago una evaluación social profesional.
-Sin avisar y muy velozmente mi esposa ingresó a la bodega de la lavandería, parece que algo sospechaba, y me vio besándome con la joven y encantadora Carolina. Tuve que devolverle las llaves del automóvil y lo demás, y me botó de la casa en el acto. No alcancé ni a almorzar. Nada poseo hoy.
-¿Qué sucedió con Carolina?
-Fue despedida inmediatamente y pasa también aprietos económicos. Es una madre soltera, esforzada y pobre.
-¿Qué sucede hoy entre ustedes dos?
-Mi amorío con Carolina concluyó, era lo más recomendable. Me gustó desde que la vi, no fue posible evitarlo. Con mis bolsillos vacíos no puedo invitar a nadie a ningún lugar. Lo ocurrido fue una áspera lección.
-¿Ha intentado volver con su esposa?
-A Lucrecia le supliqué, le rogué que volviera conmigo. No hubo caso y llevó una semana durmiendo en la calle como un perro, con muchísima hambre.
-¿Qué le contestó su esposa cuando le pidió volver?
-La verdad es que Lucrecia me comunicó con firmeza que si me aparecía otra vez en la casa o en la colindante lavandería, me iba a enterrar un cuchillo en el vientre. Ella es una mujer de carácter.
-¿Y por qué fue infiel a su amada cónyuge?
-Es que cuando tengo los bolsillos vacíos ella no se excita.
-¡¿Qué?! No entiendo nada. Explíquese.
-Mire, es un problema sicológico. Ella intimaba conmigo sólo una vez al mes, cuando me pagaban, y nada más. Como es una niña mimada, cada vez que tenía una pena o dificultad el papá le pasaba dinero y asunto arreglado. Ha sido así desde que nació y yo supe esto estando ya casado. Los bolsillos vacíos no la excitan y pequé.
-Está bien, le pagaré el arriendo por dos meses más algo de alimento. Que le vaya bien. Es primera vez que escuchó un caso como este. Sus argumentos son insólitos.
-Muchas gracias por su misericordia.
Diego vivía como el indigente que era y deambulando por las calles ingresa a una parroquia católica con gente y se dirige al confesionario, previa fila.
-Padre, quiero confesarle algo importante y un poco irracional.
-Dígame hijo, con confianza.
-Me estoy divorciando de mi mujer.
-Eso es grave. ¿Por qué?
-Porque ella no quiere intimar conmigo más seguido.
-¡¿Qué?! Explíquese. No entiendo nada –el cura pone una cara agria.
-Mi esposa sólo se excita cuando tengo dinero en los bolsillos, una vez al mes. Y una vez al mes para mí es muy poco padre, y entonces pequé, con una compañera de trabajo. Estoy angustiado.
-Sigo sin entender nada. ¿Su esposa está enferma de algo?
-Lucrecia mi esposa siempre ha sido una malcriada y sin dinero en los bolsillos no se motiva en ningún área de su existencia. El padre lo solucionaba todo con dinero. Es más, ella no hacía sus tareas escolares si el papá no le pasaba algunas monedas, desde niña. Y como a mí me pagaban una vez al mes, nos acostábamos una vez al mes, y aquí estoy, podrido entero. Me sorprendió en el pecado del adulterio, por mi déficit sexual, y me echó de la casa. Mi amante temporal también perdió su empleo. La empresa es propiedad de mi suegro. No sé que hacer, ¡estoy desesperado!
-Entonces hijo mío, usted dependía económicamente de su esposa y de su suegro.
-Sí padre, así era, cumpliendo mi jornada laboral eso sí.
-Y si eras un mantenido, ¿por qué no se portó bien, con ayunos y plegarias?
-Padre, compréndame, sexo una vez al mes es muy poco, es cruel. No me aguanté, y me abalancé sobre otra mujer.
-Bueno hijo, está bien. Te perdono tus pecados.
-¿Cuál pecado padre?
-Tu adulterio.
-Usted piensa que yo soy el culpable de mi infidelidad. Le expliqué bien mi situación y usted cree ahora que ofendí a Dios. Usted es injusto conmigo. Quiero algo de la justicia divina.
-La infidelidad se materializó. Si no quería confesar sus pecados, ¿por qué ingresó al confesionario?
-Quería conversar con alguien y vi la parroquia abierta al público.
-Te perdono tus pecados. Como penitencia rezarás cien padrenuestros, por porfiado, y le pedirás a tu esposa que regresen.
-Lucrecia me va a matar, me va a enterrar un cuchillo en el vientre.
-Vaya donde su esposa y después me cuenta.
-Padre, le obedeceré. Gracias por su tiempo, y si estoy vivo volveré.

Después de darle mil vueltas por tres días, se acerca a su ex casa sigilosamente, con contundentes temores dentro de sí. Lucrecia, que no era bonita ni nada parecido, lo vio desde la puerta de la lavandería y empezó a caminar raudamente hacia él, y por su sonrisa Diego supuso que algo bueno ocurría y se quedó quieto.
-Hola Diego –no había ni cuchillos ni cóleras.
-Hola Lucrecia, quería conversar contigo e intentar arreglar lo nuestro, volver.
-No te preocupes más, es un capítulo terminado. Me aburrí bastante estando sola también. Hablemos en nuestra casa –que era una extensión independiente de la casa del papá - y le da un pequeño beso en la boca como bienvenida y caminan.
-Lucrecia –sentados en el sofá- yo sé que me equivoqué y que soy culpable. Si no entiendes que tener intimidad una vez al mes es un crimen, me voy de inmediato y te evito otro arranque de furia.
-Diego, lo que hice fue grave, lo sé, lo sé. Mi madre y mis amigas me lo reprocharon hasta con insultos. Tal vez consulte a un siquiatra. Ya hablé con mi papá y la solución es que te dividan tu salario mensual en cuatro, y así los viernes nos encerramos en nuestro cuarto, que va a ser nuestro nido de sexo cada fin de semana. Te lo prometo. No te fallaré, con erotismo incluido.
-Lucrecia, gracias por ayudarme. Obviamente el escenario que me presentas es agradable y tentador. Una vez a la semana es un edén, comparado con la mazmorra anterior.
-Sé que tengo un problema personal con el dinero, lo sé. Por alguna razón si no hay dinero no me motivo. Pronto veré a un especialista. Yo también me alegro con esta restauración.

Diego volvió a su trabajo de asistente en la lavandería y su patrón le pagaba una vez a la semana y Lucrecia, cumpliendo fielmente su palabra, intimaba con él los viernes sin excusas. Ella se veía más tranquila y confiada. A los seis meses no sucedía lo mismo con Diego que sufría en demasía porque una vez a la semana también era poco, muy poco, sobre todo si era un joven sano, deportista y ardiente de veinticinco años. Va a conversar con el sacerdote otra vez. Su patrón no le aceptó la nueva medida solicitada y se irritó con Diego, por su absurdidad.

-Padre, quiero confesarle algo.
-Ah, usted es el hombre de “una vez al mes”.
-No, padre, ahora son cuatro veces al mes. Volví con mi esposa, siguiendo su consejo.
-Y ¿cómo ocurrió el milagro?
-Mi suegro me paga los viernes, así que el viernes es el día del desenfreno consagrado.
-Entonces ya no hay posibilidad de divorcio. Que bella noticia.
-Correcto, casi todo marcha viento en popa.
-Dime, ¿en qué te puedo ayudar?
-Lo que sucede que igual es poco.
-¿Qué cosa es poco?
-Una relación sexual a la semana es muy poco. Tengo 25 años y estoy lleno de fuego y pasión, y ya empecé a mirar para el lado otra vez. Yo no podría ser sacerdote. Tengo mucho miedo de caer. Veo un trasero hermoso y me tiento. Si peco otra vez me van a matar. Ya me perdonaron una. Ya no soporto esta castidad de hombre casado.
-Hijo mío, usted está obligado a ser fiel a su esposa, y a comprender que su conducta requiere de ayuda. Pórtese bien.
-Mi suegro me amenazó con una paliza y me dijo que por ningún motivo me iba a pagar todos los días. Disculpe. Nos vemos. Soy un caso perdido.

Y Diego nunca comprendió esa singular excitación que genera el dinero, y concluyó que era algún tipo de enfermedad grave o que simplemente muchas mujeres son materialistas o interesadas y no lo saben, no lo aceptan. La mayoría de los artistas más famosos son atractivos, por su maldito dinero. Las mujeres desestiman, con el disimulo posible, a los pobres y a los feos, sobre todo a los pobres. Un feo adinerado es éxito total, garantizado. ¿Quién entiende a las mujeres?¿Son trepadoras encubiertas?.



Del blog índice “LAS SOTANAS DE SATÁN”.
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JAIME FARIÑA MORALES
ARICA-CHILE








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La antología de blogs LAS SOTANAS DE SATÁN es una querella eléctrica a las imágenes impías teológicas, políticas, filosóficas y culturales que habitan en la mente, en el alma y en la realidad, y que nos adhieren a la desdicha, al desencanto y a los equívocos férreos. JEFM. eliconoclasta63@gmail.com