Producto de una profecía delirante sin sustento alguno, basada en la rabia infinita, instalaron en el año 2017 en una plaza de Teherán un reloj con una cuenta regresiva que anuncia ridículamente la destrucción del invencible Israel para el año 2040, con o sin sequedades. El sacro libro del Génesis señala fuerte y claro: “Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga". Irán, al maldecir al pueblo elegido de Dios se ha condenado solo. El azote vendrá. Una sequía, una crisis económica u otra, va a pulverizar el tiránico y ulcerado gobierno teocrático, de un momento a otro. Vomitar ira y furia contra Israel no es gratis. Este reloj, a través de golpes sicológicos, vigoriza el rencor y el resentimiento de los persas. Las mujeres están cansadas con la esclavitud del velo, los pecadores sexuales ya no toleran la tanta maldad y cinismo de la sharia. El tic tac es para la mafia del agua, para la elite criminal islámica. Casi nunca ahorcan a un millonario o a un poderoso. Dios es tardo para la ira. Dios también está cansado con estos fanáticos arrogantes y lunáticos. La animadversión a Israel será breve. La mano del Todopoderoso caerá sobre Irán y el griterío de los blasfemos será espantoso. Se podrán quedar sin agua, jamás sin misiles, apuntando al Estado Judío. Lo primero es lo primero enseña el código de la tirria, de la chifladura. La desaparición del elegido Israel es imposible. Esperamos la llegada de la Nueva Jerusalén. La perecible Guardia Revolucionaria sólo se alimenta del odio, no posee otro insumo, adorando a un dios que desestima las lluvias potentes. El reloj fue neutralizado, el enfado no. Si el gobierno teocrático es destrozado un número importante de terroristas profesionales y especialistas del área se van a quedar sin empleo. Sin un látigo en la mano se sienten vacíos.
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JAIME FARIÑA MORALES
ARICA-CHILE

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