Ese estado de coma (poemario)
I
La bitácora de la mesa aviejada
es el memorial de los beodos y parchistas,
el pasadizo de los fanfarrones galácticos.
La mesera de falda aserrada
y de rostro formateado y mohíno,
es el jarrón ambulante del regadío,
el pezón y numen de la espuma perenne,
una danzadora de última fila.
En este cabaré de periferia e idilios concisos,
la mesa es la tumba de los soldados desconocidos,
la refrendadora de la cirrosis,
de los tiritones.
II
Suicidarse es morir dos veces.
La carne se convierte en polvo,
el alma también, y por siempre.
Matarse es arrojarse a las llamas.
Suicidarse es huir la luminiscencia
que te telefoneó antes de abjurar.
Es arrancarse por la puerta de atrás
y lanzarse a un tobogán descuartizador.
III
Fui educado en los mejores colegios beatos,
asistí a las más fervorosas peregrinaciones.
Cuando el monto de la licitación es abultado
mi moralidad sufre algunas variaciones.
Mi fe no se mueve, es insobornable.
En la sagrada comunión soy otro.
Prosperar trabajando como un buey es blasfemo.
Hay atajos que el Tentador nos ofrece con sutileza.
El credo es sagrado como los cristales de la catedral
y mi sordidez es más forzuda que el cielo mismo.
IV
Disfrutar el éxito del otro,
cantar el triunfo del vecino,
aplaudir la victoria de los colegas,
regocijarme con la prosperidad de los otros,
a veces es demasiado.
Ver caer al otro,
enterarme del traspié del vecino,
conocer en detalle el error del colega,
interiorizarme de las perforaciones a otros,
es más soportable, y vil.
V
El enredo es grande
y nada desenredo.
Talentoso en incrementar el lío,
un absoluto inepto en hallar el escape.
Sin importar hacia donde camine,
siempre desciendo.
Mi destino es el cenagal,
el despelote es mi dieta.
VI
¿La musa vive conmigo?
¿o es una misionera, una extraterrestre’
¿Somos sus vanidosos súbditos, sus títeres?
¿Nos compele, nos obliga?
¿Somos peones de sus sorprendentes antojos?
¿la gloria es sólo de ella
y yo recibo los aplausos?
¿Sin musas nos hay regocijos, interpelaciones o sátiras?
El acto creativo existe,
los creadores existen,
el Creador existe.
VII
La nada dormía plácidamente
la siesta de los siglos sin ningún proyecto.
Con la explosión del inicio y el huerto del edén
todo se alteró dramáticamente, de un golpe.
¿Cuál es el plan ahora
en medio de esta angustiante inquietud
llamada existencia humana, vida?
¿Tan terrible es el libre albedrío?
VIII
Al próximo minuto
que no regresará jamás,
¿cómo le doy la bienvenida?
¿cómo lo exprimo?
El actual minuto
¿me ensañará algo?
¿dejará huellas?
¿lo aprovecharé plenamente?
El minuto que se fue
es un componente de mi historia
¿qué analizaré con fría serenidad?
Cada tic tac posee su peso.
IX
Siendo niño jugaba en la higuera
del estacionamiento casi todas las tardes libres.
Nos colgábamos, la maltratábamos un poco,
era un obelisco y bebíamos jugo en ella.
Entre tanto edificio desteñido
este árbol era un embajador de la floresta.
Siempre animosa, nunca cobró.
Vi como una sierra eléctrica municipal
la mató de raíz, con un sumario anómalo.
Por mientras la llevaban en el camión
iba por la avenida arrojando historietas,
juegos de niños y escenas románticas
que se diluyeron en la mesosfera.
La higuera pereció empinada, con desazón,
con los encargos cumplidos, sin un adiós
y con un pañuelo en alto que hamaqueaba.
X
El hombre se golpea fuerte,
se hiere y se ultima.
Se es una amenaza, una gumía,
un peligro inminente.
Se busca para liquidarse lentamente,
menoscabarse y deshumanizarse,
encontrándose una y mil veces,
siempre.
XI
Aparece la ambición,
germina la maquinación.
Aparece el brete vigoroso,
florece la mentira.
Aparece la rentabilidad,
brotan los trucos y la apetencia.
Aparece el poder,
nacen los fraudes y el crimen.
XII
Encontrarse con un amigo de la secundaria
y retroceder treinta años en un segundo.
Rememorar el festival de la canción y las risas
y esa ilusión de que triunfaríamos en la adultez.
Nuestro desafío era aprendernos bien
el paso de baile, besar a la inconquistable.
Pensábamos que éramos bacanes, imperecederos.
Nuestro liceo fiscal era un nido de estrellas.
Recapitular los 17 años es ponerse tristón.
Treinta años después y con esta barriga,
ya no canto, ya no bailo y soy un mediocre ejemplar.
XIII
Con una botella de ron se distanciaría la pena,
con el despertar la angustia crece un poco más.
Bebido confiesa hasta la última puñalada,
sobrio vuelve a ser una tumba recatada.
Es duro encarar el fin de semana sin alcohol,
la lucidez es una carga que ya no tolera.
Aterrizará animoso en la barra del bar,
escuchará lacónico los sermones del etilismo.
XIV
¿Cómo a este ingeniero, con un currículum homérico,
que pintaba para gerente, se le ocurrió
que lo parieran en una barriada en donde
todavía hay un vulgo con piso de tierra?
¿Sobre que divagaba este cráneo de corcho
cuando decidió beber leche materna, en la extrarradio?
Otros, más impresentable aún, portan consigo
glóbulos rojos indígenas debajo de los atavíos,
y más temprano que tarde son sorprendidos
en su fechoría.
Algunos empingorotados embalsamaron su decencia
vaciando las venas de los otros, la de los aplastados,
recomponiendo el orden doméstico.
El perfil de un buen candidato
y de una buena hortaliza
está en su raicilla.
XV
No poseo una cepa, no daré frutos.
Desadaptado, no soy de ninguna hectárea.
Mi sentido de pertenencia es nulo.
No me matricularé en la asociación
de los que dijeron adiós repetidamente
y nadie los atendió.
XVI
Algo ebrio:
soy más sensitivo y pelotillero;
te veo hermosa y acinturada;
le presento mejoras al planeta;
palpito con el primer halago;
requiso el micrófono del restaurante;
intento ser un humorista de salón
y un bailarín delgado y espontáneo;
soy como el animador de una quinta de recreo;
podría ser el acróbata de una azotea;
conduzco más veloz y desenvuelto;
soy sempiterno;
me aíro con facilidad;
mis resentimientos se dan un festín;
mis engendros guían la procesión.
XVII
¿Para qué marcharme de esta ciudad
si aquí vegetan todos los que me aborrecen,
todo lo que detesto, todo lo que no logré?
Inicuo sería comenzar la pesquisa
de hostiles y malogros en otra comuna
si este lugar me los ha obsequiado todos.
Mi pedagogo fue el alerce de la plaza costrosa,
la venta de vino suelto, los muchachos tatuados.
En esta barriada extravié las expectativas,
deseché el evangelio como otros tantos miles de idiotas.
La bronca fue plenaria y la escuela me veía
con un overol, con una picota, con una lengua inelegante.
El envilecimiento adora a las periferias
y mis antecedentes son un vinagre provecto.
El himno no lo canto con la mano en el pericardio.
XVIII
Cruzo el pestillo y soy otro,
un modelo común y universal,
un paseante más en la jungla,
un furúnculo más de la montaña.
Mi recuadro y yo me elevan.
Algo grandioso no acaecerá
y mi biografía se entumecerá.
Ingreso campante e inconcuso por el pasillo
y ni los ratones me suben a una peana.
Le pongo todo el empeño y furor
y las plumas no me crecen.
Me loo hasta aburrirme.
XIX
Las hojas caen,
el tronco continúa firme.
Las próximas floraciones
traerán nuevos folios y nadie conmemorará
a esas veneradas hojas
que cayeron,
con tantos cacharrazos y morriñas.
Nuevas simientes
acarrearán otros bosques,
otros árboles, otros hijuelos, otros onirismos.
El viento barrerá
las hojas y la hojarasca
y con las primaveras surgirán otros espejismos,
rutilantes.
XX
Me decepciono de mí tan seguido
que ya no me apesadumbro,
no salgo huyendo.
Fui tan despreciable en esa víspera,
que al principio me impacienté, cínicamente.
Actualmente estoy estancado en el lodazar
y todo es isócrono e isófono.
Bien fortificado y aperado
sorteo los repullos del irritante enemigo,
sin barquinazos.
La fatiga de la existencia,
el sofoco de los bienios,
el embotellamiento en todos los ítemes
y el ser uno mas de la barriada,
ayuda mucho.
XXI
Si nadie me persigue,
me persigo solo.
Si una mesa cambia de lugar,
me pongo intranquilo.
Si no aparezco en la nómina
es porque me tendieron una trampa.
Y si mi sesera no brilla
todos saben que es por la envidia.
XXII
Nadie me ha notificado
que soy un disgregado, un piojoso.
Brinco jubiloso porque no estoy al tanto
de que vivir con hambre y miedo
no es lo normal.
Me lo comunicaré yo mismo,
me instruiré yo mismo,
me espabilaré yo mismo.
La servidumbre de las mayorías
y la gloria de unos pocos es teratológico.
Mi inquebrantable ayer es un ludibrio.
XXIII
Acá adentro, tiesos y horizontales,
nos parecemos, nos emparejamos.
Nada nos inmuta, nada nos despierta,
y con la radio en la oreja, nada oímos.
Tumbas elegantes y funerales con un obispo,
mas entre los cadáveres hay una hermandad
desjerarquizada, de bajo perfil.
Acá adentro, las reivindicaciones se truncan
y la descomposición nos da un trato igualitario
esta vez, por esta única y última vez.
XXIV
Con la aspiración de entender en profundidad
separo la materia del espíritu,
lo tangible de lo intangible.
Lo inmaterial posee códigos,
lo intangible a veces se siente,
el espíritu posee un lenguaje.
Lo invisible y lo visible componen el todo.
Afinen las probetas.
XXV
Mi vanidad me invita a ser un filósofo,
un iluminado que aportará al pensamiento universal
lo que traigo conmigo, mis singulares dones.
Con mi experiencia en el bar, en el café, en la biblioteca,
perfilaré mi intelecto hacia la soledad del alma
y me transformaré en un pensador de fuste
como ese universitario que se leyó
veinte libros académicos completos
y ahora no saluda a nadie.
Algo muy dentro de mí me señala con campanas
que soy un grano de arena especial.
XXVI
La existencia misma es una demencia,
un dolor de cabeza que sobrepasa cualquier racionalidad.
No se explica desde sí, desde aquí.
La existencia es la esencia
y la esencia un retoño de la divinidad, que nos carcome.
La ansiedad se cura con una esencia iluminada
y en la cual la razón va de antifonario, nada más.
La existencia supera infinitamente al pensamiento cumbre.
XXVII
Tengo el presentimiento de que algo feo ocurrirá,
casi nunca ha sucedido mas acaecerá.
Los presagios van en esa dirección.
Desconfío plenamente de los buenos augurios,
de los optimismos infructuosos.
En mi trinchera me preparo para lo perjudicial.
El infortunio rara vez nos desilusiona.
XXVIII
Retorno siempre a este maldito lugar.
Me daña y vuelvo igual.
El lugar y yo nos detestamos elegantemente.
Me presento casi por obligación.
Es mi debilidad la que conduce el automóvil
y las gambetas baqueteadas son ineficaces.
Desde aquí, mana una de las desdichas
de mi ser, que me horada.
Este abyecto sitio es parte de mi magullada piel.
XXIX
Una vieja canción de Elvis suena
y la pubertad desharrapada se sienta
enfrente de mí con vivencias que me arañan
los pelos de a uno, en calidad de postres agrios,
sembrados con mamaderas escépticas.
La justificación por la fe dio vuelta una página
que está ahí y que el viento retinto mece,
a los lejos, con remembranzas que no disfrutan
el cubil que me plasmó la ventura.
XXX
Me amo, me amo tanto,
que no viviría sin mí.
Me soy imperioso, vital.
Me echo de menos, me necesito
más que a nada.
En mí, yo soy el primero
y el octavo.
XXXI
El alcohol sólo moja la culpa,
la riega, la eleva.
El sentimiento oscuro no se va
y grita por todo la cantina, en silencio.
Pasan los vasos y me pudro,
pasan las horas y mi tropiezo se engruesa.
XXXII
¿Qué explicación coherente da la razón
a la existencia de la razón en sí?
¿la respuesta va a se racional, irracional o arracional?
El origen de la razón es un Misterio,
en el más lúcido de los casos.
La razón apareció de la nada
como si nada,
proveniente tal vez de un acto de hechicería?
La creación de la razón es totalmente incomprensible
porque es sobrenatural.
XXXIII
El vacío: es potente, envolvente,
es quien tripula el ser, el orbe;
es inmortal, o se cree inmortal;
es el premier en la depresión;
es antes de la materia y después;
es el meollo de las botillerías;
acredita que nos expulsaron del huerto;
es el progenitor de la ansiedad
y le da una identidad a la miseria de cada uno.
El problema de fondo es el vacío del alma.
XXXIV
La existencia misma es el lío,
dejar de existir es otro.
El propósito de la existencia lo palpas
cuando dejas de existir.
Hay una existencia que se va,
mas nunca dejarás de existir, de ser.
Algo en ti es inmortal,
no te alimentes de lo que se va.
XXXV
Estancado en el puerto y pegado a la orilla
no progresaré demasiado.
Desde la orilla veo el horizonte que ven todos,
veo el sol como lo ven todos,
me recreo de esa armonía que significa
tener un pie anclado a la tierra.
Por fe, me desvincularé de la playa,
de la bahía, de la acogedora arena blanca.
No diviso la rada,
mi horizonte es interminable,
no recuerdo el color de la arena.
Fin del poemario “Estado de coma”
http://eseestadodecoma.blogspot.com
De la antología “LAS SOTANAS DE SATÁN”
http://lassotanasdesatan.blogspot.com

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